Terminamos nuestra andadura por Bulgaria en su capital, Sofia, en la que hemos estado una semanita.

Después de nuestras recientes estancias en las otras dos grandes capitales de la zona, Belgrado y Bucarest, que no nos entusiasmaron, imaginábamos que Sofia sería del estilo, pero la verdad que nos hemos llevado una sorpresa bastante agradable.

La ciudad tiene un centro histórico bastante grande y repleto de monumentos, algunos de ellos realmente bonitos, iglesias de todo tipo (ortodoxas, mezquitas, sinagogas) y calles bastante bien cuidadas y vistosas rodeadas de edificios elegantes, por las que es muy agradable darse un paseo.

De monumentos, los que más nos han gustado han sido la catedral de San Alejandro de Nevski, imponente por el día y muy bien iluminada por la noche, y el edificio de los baños centrales (aguas termales). Es curioso que fuera de éste, hay unas cuantas fuentes que siempre están llenas de gente rellenando garrafas de agua, dado el supuesto efecto positivo para la salud de sus aguas.

Como vimos en Plovdiv, también hay bastantes restos de la época romana que se pueden ver en el centro de la ciudad. Es lo que se conoce como la antigua Serdika y hay un complejo enorme en el centro de la ciudad que descubrieron al hacer la linea del metro.

También nos ha gustado mucho la iluminación nocturna del edificio de la asamblea de Bulgaria, muy chula.

Otra cosa muy característica y original de la zona centro es el color amarillo de los adoquines por donde circulan los coches, que la verdad que queda bastante bien y es muy original. Toda la zona centro está llena de este tipo de adoquines amarillos.

Por el centro tambien es muy agradable la calle peatonal de tiendas, el boulevard Vitosha, muy ancho y largo, lleno también de terrazas y restaurantes para tomar algo, y no excesivamente concurrida.

Por los alrededores del centro, nos ha gustado mucho la zona de Doctor's garden, que es como el mejor barrio de la ciudad, lleno de edificios embajadas y palacetes, junto con edificios más nuevos y modernos, y donde se encuentran muchos de los mejores restaurantes y bares de la ciudad.

Fuera de estas zonas, la ciudad ya va perdiendo encanto, y se puede apreciar un claro descenso en el estado de los edificios y sobre todo las aceras, en las que hay que andar con bastante cuidado. Aún así, no llega a ser fea, con ocasionales iglesias ortodoxas bastante bonitas, y sin apenas edificios abandonados o en ruinas como en Bucarest.

Aquí en Sofía le hemos dado una oportunidad a la comida tradicional búlgara, y bueno, en la línea de lo que hemos ido probando por estos países, estaba rica, pero tampoco nos ha entusiasmado.

Por cierto, Albert se ha quedado un poco desencantado al no encontrar ningún tipo de referencia (ni una foto siquiera), ni en la capital ni en todo el país, a Hristo Stoichkov, de largo el mejor jugador de fútbol búlgaro, ganador del balón de oro mientras era jugador del Barça, y seguramente el mejor deportista búlgaro de toda la historia. Por lo que hemos leído hay una casa museo suya muy a las afueras de Sofía, pero nada de nada por las muchas zonas del país por las que hemos estado. Igual le tenemos más cariño en Barcelona que en su propio país 😁

Y ya con esto nos despedimos de Sofia, una ciudad que nos ha parecido bastante bonita y agradable, y que vale mucho la pena, y de Bulgaria, que en general la verdad que no está nada mal.

Seguimos avanzando, y ahora nos vamos a la zona norte de Grecia, por Salónica y alrededores.