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Nuestra última parada en Rumania ha sido la capital, Bucarest, en la que nos hemos quedado una semanita.
Ya estando en Brasov, nos sorprendió que un taxista, cuando le contamos que íbamos a Bucarest, nos dijo categóricamente: "Don't go!!". Pensamos que sería la típica rivalidad entre ciudades o algo así, pero la verdad que Bucarest no tiene nada que ver con el resto de sitios que hemos visitado por Rumanía.
En los sitios que hemos estado hasta el momento, todo estaba en bastante buen estado, cuidado y limpio, aquí en Bucarest nos hemos encontrado todo lo contrario. Una ciudad con una cantidad significativa de edificios en ruinas (se ve que en 1977 hubo un terremoto muy fuerte y todavía no les ha dado tiempo de reparar todos los daños 🤷), muchas aceras en mal estado, fachadas de los edificios sucias y sin rehabilitar, edificios emblemáticos mal conservados... En fin, es como si todos los fondos europeos asignados a renovar el país se hubieran destinado primero al resto del país, y la capital se hubiera dejado para lo último.
Eso sí, la renovación de la capital sí está en marcha porque hay montón de obras por todos los lados, fachadas de edificios tapadas con andamios, calles enteras con agujeros enormes y con la calzada patas arriba... Pero bueno, tienen todavía muchísimo trabajo por delante.... El cartel que más nos hemos encontrado por toda la ciudad ha sido "Santier in lucru", qué significa "En construcción"...
Aun así no todo es tan negativo, y la ciudad tiene también unas cuantas cosas interesantes.
La zona del centro histórico es relativamente pequeña, y está llena de edificios gubernamentales, la universidad, algunas iglesias ortodoxas y católicas, todos en un estado mejorable o en obras de mejora. La mayoría de calles son peatonales, y están llenas de terrazas, pero los sitios son como demasiado turísticos, llenos de gente enseñándote menús con fotos de comida rápida, y presionando para que te sientes.
Un poco más al norte está el Ateneo, bastante chulo, y la plaza Revolutei, a los que se puede llegar por la elegante calle Vitorei, la principal calle de la ciudad, que tiene un tramo bastante largo con una cantidad exagerada de heladerías y restaurantes italianos uno al lado del otro (bastante Buenos por cierto 😋)
Mucho más al norte también hemos ido a la zona del "lago" Herăstrău. Entrecomillamos lo de lago porque ahora no tiene nada de agua, está completamente seco, ya que lo han vaciado para hacer limpieza y algunas obras en los márgenes, que por lo visto tenía riesgos de desprendimiento 🤷🏻. La zona está bastante bien, con un parque enorme muy verde para pasear, y varios restaurantes con buena pinta a orillas del supuesto lago, que ahora han perdido buena parte del atractivo. Además en uno de los extremos del parque hay un arco de triunfo bastante grande, al estilo del de Paris.
Al otro lado del parque, también por el norte de la ciudad, hemos paseado por el barrio de Primaverii, muy residencial y con un montón de pequeños palacetes, algunos bastante chulos, y otros un poco abandonados y cayéndose a trozos. También por ahí un poco más abajo hemos dado una vuelta por el barrio de Dorobanti, probablemente el que más nos ha gustado, con edificios algo más nuevos y bastantes comercios y restaurantes.
Otro día fuimos a ver el palacio del parlamento, del que dicen que es el tercer edificio más grande del mundo (no alto sino grande). Es un edificio realmente enorme, pero de belleza bastante discutible, muy gris, cuadradote y excesivamente uniforme. Lo hizo construir Causcescu durante la etapa de la dictadura comunista.
Justo detrás está la Catedrala Mantuirii Neamului, muy bonita, toda blanca con sus cúpulas doradas, pero también en obras. Los exteriores estaban con andamios y no se podía entrar dentro, pero afortunadamente la catedral por fuera se podía ver bastante bien.
Enfrente del palacio del parlamento, se encuentra la plaza Unirii, una plaza super grande, a la que tampoco se podía acceder, sólo rodear, ya que estaba toda vallada, con un boquete enorme enmedio, y llena de grúas y aparatos de obra.
Y al otro lado de la plaza, encontramos el paseo Unirii, una calle larguísima, que es el sitio donde hemos podido pasear más cómodamente de todos, con una acera muy amplia, nueva y lisa, pero carente de mucha vida ya que en los bajos de los edificios apenas había locales comerciales, y por la calle transitaba poquísima gente.
En cuanto a restaurantes, como una gran ciudad que es, tiene mucha oferta y de todo tipo. Nosotros hemos podido encontrar un par de restaurantes de comida más estilo internacional/mediterránea (ya hemos desistido de la comida local más clásica 🤦) que estaban bastante chulos y ricos. También hemos ido a un rooftop bar bastante chulo, con buenas vistas de la ciudad, aunque no dejaban de verse muchos edificios en mal estado que la empeoraban bastante.
Otra cosa que no nos ha gustado es que muchas de las avenidas anchas tienen demasiados pocos puntos para cruzarlas a pie, y cuando hay semáforos, siempre están en rojo y hay que esperar muchísimo hasta que se ponen verdes. Desesperan hasta al más paciente...
También nos ha sorprendido que no haya la típica calle de tiendas que hay en toda ciudad grande (al menos nosotros no hemos encontrado ninguna). Sólo hay centros comerciales, que están bastante a las afueras, y luego tiendas sueltas dispersas por toda la ciudad. No es que quisiéramos comprar nada en particular, pero siempre son zonas animadas y alegres para pasear (cuando no están abarrotadas, claro).
Y así han sido nuestros días por Bucarest, una ciudad que no nos ha entusiasmado y que esperábamos que nos gustara mucho más después de lo que habíamos visto en el resto del país, pero bueno, independientemente de eso, la verdad que no lo hemos pasado nada mal aquí.
Lo que sí le vemos es mucho potencial de mejora, y seguro que dentro de unos años, al ritmo que avanza la economía del país, seguro que mejora muchísimo su aspecto.