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Después de estar un mesecito por España con la familia, emprendemos de nuevo la marcha, ahora con una ruta por la Europa del este y Turquía.
Hemos empezado en Serbia, y más concretamente en su capital, la ciudad de Belgrado en la que hemos pasado 6 calurosos días.
La ciudad en general se ve bastante vieja y desgastada, bastante gris y un poco anodina. Pero afortunadamente no toda la ciudad es así, y tiene unas cuantas cosas que sí merecen la pena y que hemos ido visitando durante estos días.
Una de ellas es la fortaleza de Belgrado, o Kalemegdan, un fuerte en el centro de la ciudad a unos pocos metros de altura, desde el que hay muy buenas vistas a los dos ríos que hay en la ciudad, el Danubio y el Sava.
Por el centro también hemos estado por la catedral de San Miguel, la plaza de la Republica, las principales calles comerciales y un poco más apartado el Templo de San Sava, una iglesia ortodoxa enorme y con un montón de mosaicos en las paredes, que es la que más nos ha gustado.
También hemos pasado por un par de edificios completamente destrozados (antigua sede de la TV serbia), que fueron destrozados por la OTAN durante la guerra de los balcanes, y Serbia ha decidido dejarlos así para hacer ver al mundo que ellos no fueron los únicos "malos" de la película.
Lo que más nos ha gustado han sido algunos de los paseos que hay por las riberas de los ríos. El mejor ha sido el Belgrade Waterfront, una zona con un largo paseo por el río, y un montón de edificios casi a estrenar (y muchos más en construcción). Ahí se encuentra el que seguramente es el edificio más icónico de Belgrado, el hotel St Regis, con forma de botella o botella invertida según del lado donde se mire (sí, es algo curioso que es complicado de explicar con palabras).
La otra zona agradable para pasear a orillas del río es el pueblo de Zemun, que a pesar de no ser ya oficialmente Belgrado, está pegado a él. Esta zona es muy distinta a la anterior, es más un pueblecito tradicional pesquero, con un par de calles empedradas y la torre Gardos, desde donde también se podían ver buenas vistas del río.
Muchas calles de la ciudad están repletas de terrazas al aire libre muy agradables para comer o tomar algo. Destacan la calle Skadarlija, toda empedrada, y las zonas que hemos comentado a orillas de los ríos, pero hay bastantes más.
Estos días que ha hecho muchísimo calor (todos los días por encima de 35°), eran el plan ideal para hacer en la ciudad. Desconocemos qué pasará con todos estos sitios en invierno 🤷
Eso sí, la comida, como en tantos otros sitios del centro y este de Europa deja bastante que desear. Muy básica y rudimentaria. Aun así, algunos platos se pueden comer e incluso saben ricos, como el Cevapi, el plato más famoso del país que básicamente consiste en unas salchichas con salsa. Pero nada que ver con otras zonas del mundo que hemos estado....
Algo que nos ha dejado bastante sorprendidos es la poca amabilidad y simpatía que muestran los serbios. En la mayoría de sitios, a la mínima que no hacías lo que se supone que tocaba o intentábamos preguntar algo, respondían de forma súper seca, mayoritariamente en serbio, y como queriendo quitársenos de encima lo antes posible. Bastante incómodo y molesto la verdad. Además cuando hemos estado en otras zonas de la ex-Yugoslavia (como Croacia) no recordamos haber recibido este trato. Son bastante bordecitos ... 🤦
Aun así queremos puntualizar que no siempre ha sido así, y algunos pocos serbios sí han tenido actitudes amables hacia nosotros.
Y hasta aquí nuestros días por Belgrado, una ciudad que tiene sus cosas interesantes, pero que en general no nos ha entusiasmado. También dejamos ya Serbia, ya que Belgrado era nuestra única parada en el país, y ya nos vamos hacia Rumanía, a ver qué tal.